Presidencialismo y mayoría parlamentaria

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Dra. Miluska Orbegoso
Académica del Departamento de Derecho de la UDLAP

Las mayorías parlamentarias, para determinados sectores de la población, pueden ser algo deseado. Esto es, que el Partido Político en el gobierno, entiéndase del Ejecutivo, tenga mayoría en el Parlamento es algo bueno o incluso perfecto pues permite, lo que muchos llaman, gobernabilidad. En ese sentido, cabe hacer algunas reflexiones.

México se encuentran en un proceso electoral mayor; están por definirse los curules que se ocuparán tanto en la Cámara de Diputados, en los Congresos Estatales, así como en muchas Gobernaturas del país. Es decir, nos encontramos en un periodo de suma importancia en el cual, por los siguientes años (tres para diputados estatales y federales; y 6 para gobernadores) se definirá cual será la dinámica de interacción entre Ejecutivo y Legislativo, tanto a nivel estatal como federal.

En ese orden de ideas, muchos se estarán preguntando qué relevancia puede tener este tema, qué puede importar como queda configurada la dinámica de los poderes respecto de los Partidos Políticos, en suma, qué importancia pueda tener quién tiene mayoría en el Legislativo y mas aún, de qué partido político es la cabeza del Ejecutivo. A fin de poder aclarar esta inquietud, quizá convenga recordar la teoría de la división de poderes que esbozaba ya hace algún tiempo Montesquieu. Para el filósofo y jurista francés, el poder debía dividirse en tres funciones y en tres titulares distintos: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; correspondiéndoles respectivamente la función de legislar, ejecutar y administrar justicia (las cuales distan ya mucho de las funciones que desempeñan los poderes). Pero además de esta postura, que esboza la clásica división de poderes que tenemos hasta hoy en día (sin contar, claro está, con los Órganos Constitucionales Autónomos); Montesquieu también desarrolló la famosa teoría de “los pesos y contrapesos”. Ésta, supone que debe haber un balance entre los poderes a fin de que un poder no interfiera en las funciones del otro y, especialmente, puedan limitarse entre sí con la finalidad de que haya respeto y armonía entre los mismos y así no existan abusos de poder.

Por tanto, la pregunta que aquí nos planteamos es: ¿de qué forma es que puede existir ese límite del que hablaba Montesquieu cuando el partido político del Ejecutivo tiene mayoría en el Parlamento? ¿acaso entonces no estamos desapareciendo la finalidad que tiene el principio de división de poderes que no es otro que evitar abusos? Y esta pregunta resulta pertinente y sobre todo actual, en tanto podemos ver que en las últimas elecciones, el Partido Político del Ejecutivo Federal obtuvo mayoría tanto en el Congreso de la Unión como en las legislaturas de los Estados.

Que el Ejecutivo federal o estatal coincida con la mayoría del parlamento facilita por ejemplo las reformas constitucionales, esto es, que cuando se parta de una iniciativa del Ejecutivo para reformar la Constitución, la norma de mayor rango en el orden jurídico interno y en la cual se encuentran consagrados nuestros derechos fundamentales, difícilmente encontrará cuestionamiento o freno en el Legislativo. Y en ese sentido, asimismo nos preguntamos: ¿acaso ello es en sí mismo malo o no deseado? Al respecto creemos que sólo lo será en tanto el Partido Político responda a intereses internos y no del titular del poder, el pueblo. Riesgo que aceptamos como electores, en el momento que a través del voto, otorgamos poder a un solo Partido Político, lo cual esperamos sirva de pequeña reflexión para las venideras elecciones.